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“Siempre que te veas obligado por las circunstancias como a sentirte confuso, retorna a ti mismo rápidamente y no te desvíes fuera de tu ritmo más de lo necesario. Pues serás bastante más dueño de la armonía gracias a tu continuo retornar a la misma.” Marco Aurelio
Ingerir era más importante que no hacerlo, fuera lo que fuera. cereales de chocolate para merendar, paquete de galletas, las fresas con nata o la verdura rebozada y frita, acompañada con alguna salsa…. pechuga de pollo y arroz blanco, !!! o no ¡¡¡¡ se está hormonando ¡¡¡ (esto para otro capítulo)
¿Sería por el miedo?
Obviando la necesidad de estudios, los factores de riesgo que más claridad arrojan serían: trastornos psiquiátricos, falta de actividad física y rasgos metabólicos (incluidos los glucémicos), lipídicos y antropométricos, así como problemas interpersonales derivados de experiencias humillantes y/o desagradables en la adolescencia relacionadas con la apariencia. (11)
A estos factores hay que añadirle todos los estresores que ha traído la pandemia del COVID 19, las respuestas fisiológicas de personas que ya padecían este tipo de trastornos han mostrado una mayor vulnerabilidad en términos de angustia física y mental. (12)
Lo que podemos discernir por tanto, es que los factores de riesgo en este tipo de patologías tienen que ver con la percepción del entorno, que desestabiliza el comportamiento de este tipo de sujetos que utilizan el deseo por la comida “craving” como una forma hedónica de sentirse mejor, tal y como se habla en el estudio de Hans-Rudolf Berthoud (2012) sería similar a la adicción por las drogas, añadiendo el problema de que la comida es necesaria para vivir. (13)
En cuanto a la clasificación de estos desordenes, tenemos que irnos al manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, tal y como se recoge podemos clasificar estos trastornos en : (14). Anorexia nerviosa y Bulimia nerviosa; Trastorno por atracón; Trastorno por evitación o restricción de la ingesta de alimentos; Pica; Rumia; Otros trastornos alimentarios y alimentarios especificados; Trastornos alimentarios y de la alimentación no especificados
Dentro de la clasificación, tenemos que detenernos en el trastorno por atracón, ya que es el que afecta a nuestra paciente.
El trastorno por atracón se asocia con problemas psicológicos y no psicológicos tal y como se habló en el apartado de factores de riesgo. Los trastornos médicos generales como la obesidad, la diabetes, la hipertensión y el dolor crónico son algunas de sus condiciones añadidas. Se presenta más comúnmente en individuos obesos. (16)
Una de las partes clave de BED es la sensación de sufrimiento subjetivo del individuo enfermo. Este trastorno no se acompaña de conductas compensatorias que son comunes en la bulimia nerviosa (BN), por lo que las dos entidades patológicas deben diferenciarse correctamente (17). Según Kessler, R et al (2016) las personas con BED se caracterizan por un sesgo atencional dirigido hacia la comida. (18)
Aunque hay que concluir hablando de la problemática a la hora de detectar este tipo de desordenes tal y como describen Becker, A. et al (2009) las personas que padecen este tipo de trastornos, pueden no presentar síntomas cognitivos a pesar de su presencia, el ocultamiento intencional y el fuerte rechazo convierte la detección en una tarea difícil por parte del personal sanitario. (19)
TRASTORNO DE LA CONDUCTA ALIMENTARIA
Cuando a mediados de la década de los 90 o principios del 2000 hablabas de trastornos alimentarios, solo te venia a la cabeza, la imagen de chicas con intención de ser modelo, con cierto complejo por su físico, totalmente desnutridas. Lo cierto es que solo se hablaba de Anorexia y de Bulimia, dos trastornos muy complejos a la hora de ser abordados. Mientras este miedo corría por la población se gestaba la peor pandemia conocida hasta la fecha… problemas por el exceso de comida.Ingerir era más importante que no hacerlo, fuera lo que fuera. cereales de chocolate para merendar, paquete de galletas, las fresas con nata o la verdura rebozada y frita, acompañada con alguna salsa…. pechuga de pollo y arroz blanco, !!! o no ¡¡¡¡ se está hormonando ¡¡¡ (esto para otro capítulo)
¿Sería por el miedo?
6.2.1 EPIDEMIOLOGÍA
Desde el principio se ha pensado que los desordenes en la conducta alimentaria son patologías que afectan principalmente a la población joven (6). Desde su descripción inicial según Moncrieff-Boyd, J. (2016). Se pensaba que la anorexia nerviosa se observaba principalmente en personas de entre 16 y 25 años . (8) Es por esto, que este tipo de desordenes no han sido estudiados de manera exhaustiva en personas de edad avanzada tal y como hablan Mulchandani, M et al (2021) en su revisión . Debido al aumento, en la última década, de estudios relacionados con los desordenes de la conducta alimentaria , existe un mayor reconocimiento de los trastornos alimentarios entre los “baby boomers” (personas nacidas entre 1946 y 1964) lo que ha llevado al aumento de estas conductas entre personas adultas, mostrando entre el 1,8 y el 3,8 % de las mujeres mayores de 60 años que viven en la entornos urbanos tienen indicios de un trastorno alimentario (9) (10)6.2.2 FACTORES DE RIESGO Y CLASIFICACIÓN ACTUAL
Adelantarse a estos tipos de trastornos es tarea difícil, según el metaanálisis de Solmi, M et al (2020) no existen pruebas convincentes para respaldar los factores de riesgo que aumentan la probabilidad de padecerlos. Aunque es cierto que la falta de pruebas se debía en muchos a casos a la falta de estudios relacionados (4).Obviando la necesidad de estudios, los factores de riesgo que más claridad arrojan serían: trastornos psiquiátricos, falta de actividad física y rasgos metabólicos (incluidos los glucémicos), lipídicos y antropométricos, así como problemas interpersonales derivados de experiencias humillantes y/o desagradables en la adolescencia relacionadas con la apariencia. (11)
A estos factores hay que añadirle todos los estresores que ha traído la pandemia del COVID 19, las respuestas fisiológicas de personas que ya padecían este tipo de trastornos han mostrado una mayor vulnerabilidad en términos de angustia física y mental. (12)
Lo que podemos discernir por tanto, es que los factores de riesgo en este tipo de patologías tienen que ver con la percepción del entorno, que desestabiliza el comportamiento de este tipo de sujetos que utilizan el deseo por la comida “craving” como una forma hedónica de sentirse mejor, tal y como se habla en el estudio de Hans-Rudolf Berthoud (2012) sería similar a la adicción por las drogas, añadiendo el problema de que la comida es necesaria para vivir. (13)
En cuanto a la clasificación de estos desordenes, tenemos que irnos al manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, tal y como se recoge podemos clasificar estos trastornos en : (14). Anorexia nerviosa y Bulimia nerviosa; Trastorno por atracón; Trastorno por evitación o restricción de la ingesta de alimentos; Pica; Rumia; Otros trastornos alimentarios y alimentarios especificados; Trastornos alimentarios y de la alimentación no especificados
Dentro de la clasificación, tenemos que detenernos en el trastorno por atracón, ya que es el que afecta a nuestra paciente.
6.2.3 ETIOLOGÍA DEL TRASTORNO POR ATRACÓN. SIGNOS Y SÍNTOMAS
El trastorno por atracón compulsivo (BED) se caracteriza por episodios de consumo de alimentos en una cantidad mayor de lo normal. Estos episodios según Alebuena, D et al (2016) ocurren cada semana en un periodo de tres meses. Es un diagnóstico diferente a la bulimia nerviosa. (15)El trastorno por atracón se asocia con problemas psicológicos y no psicológicos tal y como se habló en el apartado de factores de riesgo. Los trastornos médicos generales como la obesidad, la diabetes, la hipertensión y el dolor crónico son algunas de sus condiciones añadidas. Se presenta más comúnmente en individuos obesos. (16)
Una de las partes clave de BED es la sensación de sufrimiento subjetivo del individuo enfermo. Este trastorno no se acompaña de conductas compensatorias que son comunes en la bulimia nerviosa (BN), por lo que las dos entidades patológicas deben diferenciarse correctamente (17). Según Kessler, R et al (2016) las personas con BED se caracterizan por un sesgo atencional dirigido hacia la comida. (18)
Aunque hay que concluir hablando de la problemática a la hora de detectar este tipo de desordenes tal y como describen Becker, A. et al (2009) las personas que padecen este tipo de trastornos, pueden no presentar síntomas cognitivos a pesar de su presencia, el ocultamiento intencional y el fuerte rechazo convierte la detección en una tarea difícil por parte del personal sanitario. (19)


