Precisamente la Biblia sí habla de un “fin”. Jesús mismo habló de él.
En Mateo 24 los discípulos le preguntaron a Jesús por “la señal de tu venida y del fin del mundo”. Jesús respondió que habría guerras, nación contra nación, reino contra reino, hambres y terremotos (Mateo 24:3-7). Y posteriormente dijo: “y entonces vendrá el fin” (Mateo 24:14).
Ahora bien, hay una precisión importante: Jesús también dijo que las guerras, hambres y terremotos por sí solos “aún no” eran el fin, sino “el principio de dolores” (Mateo 24:6-8). Por eso no estoy diciendo que cada guerra o cada terremoto sea automáticamente el fin.
Lucas 21 confirma lo mismo: habla de guerras, grandes terremotos, hambres, pestilencias y señales en el cielo (Lucas 21:10-11).
Entonces, decir que la Biblia no habla de un fin no es correcto. Sí habla de un fin. Lo que podemos discutir es qué significa exactamente ese “fin”.
Los textos que usted cita —Salmo 37, Mateo 5:5, Isaías 45:18, etc.— muestran que la tierra tiene un propósito y que los seres humanos pueden heredarla. Pero eso no necesariamente significa que el mundo actual continuará eternamente sin ningún juicio ni transformación.
De hecho, Apocalipsis 21:1 dice que “el primer cielo y la primera tierra habían pasado” y habla de un “cielo nuevo y una tierra nueva”. Y Apocalipsis 21:4 dice que en esa nueva realidad ya no habrá muerte.
Por tanto, la lectura conjunta de los textos sería: la Biblia anuncia un fin y un juicio del orden actual, pero no necesariamente enseña que después del fin desaparecerá para siempre toda existencia humana. Habla también de una nueva creación y de seres humanos en ella.
La palabra que aparece en Mateo 24:3 para “mundo” es
aión (αἰών), que puede referirse a una era, época o período, no necesariamente al planeta Tierra. De hecho, algunas traducciones lo vierten como “fin de la era”.
Y en Mateo 24:14, donde Jesús dice “y entonces vendrá el fin”, el texto griego utiliza
telos para “fin”, mientras que “mundo” en la primera parte del versículo es
oikoumenē, que puede significar la tierra habitada.
Por eso hay que tener cuidado con convertir automáticamente “el fin” en “la destrucción del planeta”. La Biblia también dice que “la tierra siempre permanece” (Eclesiastés 1:4), que “los justos heredarán la tierra” (Salmo 37:29) y que Dios la creó “para que fuese habitada” (Isaías 45:18).
Así que sí, la Biblia habla de un “fin”, pero la pregunta es: ¿fin de qué? ¿Del planeta, o del sistema/época actual?
Si afirmamos sin analizar las palabras originales que Jesús enseñó que la Tierra será destruida, podemos terminar atribuyéndole a la Biblia algo que el texto no dice necesariamente.
Y, más importante todavía, Jesús no centró su predicación en el morbo de ver el mundo arder. Su mensaje giraba alrededor del Reino de Dios, el amor, el perdón, el arrepentimiento y la esperanza. Quizás antes de buscar una destrucción literal de la Tierra deberíamos preguntarnos cuál era realmente el propósito del mensaje que Jesús estaba predicando.