¿DÓNDE ESTÁN MIS ROLLITOS?

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Gorila

Gamma
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Han pasado dos horas desde que he pedido la cena, y aquí sigo, tirado en el sofá, con una birra en la mano y un cigarro en la boca. Cabreado, llamo al chino y me dicen que ya lo han entregado. Panda de bellacos estafadores. Lo he pagado con tarjeta, devolvedme mi dinero. Colgarme el teléfono es el mayor error que pueden cometer. Me pongo las zapatillas y me levanto con ganas de liarla. Se van a enterar esos bastardos comegatos, voy a romperles los platos uno a uno hasta que me devuelvan el dinero; o me preparen otra cena.

Cuando abro la puerta lo veo. Una bolsa de plástico yace en el suelo. Es mi cena. O lo era. No tardo mucho en enterarme de que faltan los rollitos. Si se hubieran llevado el asqueroso estofado de setas no me enfadaría; pero no, se han llevado mis putos rollitos. Tengo dos posibles sospechosos. Mi vecina, Augusta, vive enfrente de mí. Es una vieja arpía, cotilla, y con mucho tiempo libre. Y seguro que no sabe cocinar. Los chinos son los otros sospechosos. La verdad, estoy a fifty fifty. Me acerco al portal de Augusta y olfateo la puerta. No soy capaz de diferenciar el olor a rollitos. El pasillo entero huele a fritanga. Pongo la oreja a ver si oigo algo, y de repente, se abre la puerta bruscamente. Augusta, en su bata de bruja, grita a placer. Fisgón, me llama. Hipócrita.

En pleno interrogatorio de los rollitos aparece un vecino por las escaleras. Nos separa. Por un momento pienso que el podría haber robado mis rollitos. Lógico, por eso ha bajado; conciencia lo llaman. ¡DÓNDE ESTÁN MIS PUTOS ROLLITOS! le grito. Me mira como si fuera un demente. Entonces ve la bolsa. Lo coge y dice que es su cena. Le arranco la bolsa y le golpeo en la cara, ensuciando su pelo con la comida grasienta. Caigo al suelo del puñetazo que me da. Augusta, con sus zapatillas de casa, me patea la cabeza. Veo las escaleras giradas. Se eleva un chino con sonrisa borrosa y pregunta: ¿Quién ha pedido lollitos?
 
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Han pasado dos horas desde que he pedido la cena, y aquí sigo, tirado en el sofá, con una birra en la mano y un cigarro en la boca. Cabreado, llamo al chino y me dicen que ya lo han entregado. Panda de bellacos estafadores. Lo he pagado con tarjeta, devolvedme mi dinero. Colgarme el teléfono es el mayor error que pueden cometer. Me pongo las zapatillas y me levanto con ganas de liarla. Se van a enterar esos bastardos comegatos, voy a romperles los platos uno a uno hasta que me devuelvan el dinero; o me preparen otra cena.

Cuando abro la puerta lo veo. Una bolsa de plástico yace en el suelo. Es mi cena. O lo era. No tardo mucho en enterarme de que faltan los rollitos. Si se hubieran llevado el asqueroso estofado de setas no me enfadaría; pero no, se han llevado mis putos rollitos. Tengo dos posibles sospechosos. Mi vecina, Augusta, vive enfrente de mí. Es una vieja arpía, cotilla, y con mucho tiempo libre. Y seguro que no sabe cocinar. Los chinos son los otros sospechosos. La verdad, estoy a fifty fifty. Me acerco al portal de Augusta y olfateo la puerta. No soy capaz de diferenciar el olor a rollitos. El pasillo entero huele a fritanga. Pongo la oreja a ver si oigo algo, y de repente, se abre la puerta bruscamente. Augusta, en su bata de bruja, grita a placer. Fisgón, me llama. Hipócrita.

En pleno interrogatorio de los rollitos aparece un vecino por las escaleras. Nos separa. Por un momento pienso que el podría haber robado mis rollitos. Lógico, por eso ha bajado; conciencia lo llaman. ¡DÓNDE ESTÁN MIS PUTOS ROLLITOS! le grito. Me mira como si fuera un demente. Entonces ve la bolsa. Lo coge y dice que es su cena. Le arranco la bolsa y le golpeo en la cara, ensuciando su pelo con la comida grasienta. Caigo al suelo del puñetazo que me da. Augusta, con sus zapatillas de casa, me patea la cabeza. Veo las escaleras giradas. Se eleva un chino con sonrisa borrosa y pregunta: ¿Quién ha pedido lollitos?

me gustan tus historias hahaha, ese sujeto vive enfadado con la sociedad parece que se la vivian haciendo.
 
Podrías hacer un libro, un blog o un canal de youtube (tendrias que ambientar los videos y narrarlos para que pueda triunfar en youtube) con esas mini historias.
 
me gustan tus historias hahaha, ese sujeto vive enfadado con la sociedad parece que se la vivian haciendo.
No hay descanso para el Gorila...
Podrías hacer un libro, un blog o un canal de youtube (tendrias que ambientar los videos y narrarlos para que pueda triunfar en youtube) con esas mini historias.
Puede que reviva mi oscuro blog. Youtube no es para mí.
 
Jajajajaja sin duda una buena redacción.
 
A una parte de mi le gustaría decir que más que un blog optaces por una comunidad literaria para obtener feedback bueno y no solo se le hablase a la nada... Pero luego me acuerdo que todas las que conozco son una porquería llenas de gente con ínfulas de grandeza y actitud de "sólo mi trabajo vale, a los demás que les den" y se me pasa.

Lástima que esa mentalidad de "quiero ser autor más nunca lector y menos comentarista" acaba siempre con buenas iniciativas...
 
A una parte de mi le gustaría decir que más que un blog optaces por una comunidad literaria para obtener feedback bueno y no solo se le hablase a la nada... Pero luego me acuerdo que todas las que conozco son una porquería llenas de gente con ínfulas de grandeza y actitud de "sólo mi trabajo vale, a los demás que les den" y se me pasa.

Lástima que esa mentalidad de "quiero ser autor más nunca lector y menos comentarista" acaba siempre con buenas iniciativas...
Coincido, jefe. El mejor foro literario que encontré, hace tiempo, cerró. De todas formas, esta es mi comunidad. Aquí escribo con ganas de entretener a webmasters estresados, traer algo fresco al foro, que si lo consigo, ya es mejor que lanzar una botella al mar 😌
 
Supongo va a ser divertido en un lugar donde me quiero imaginar los análisis de texto van de:

DÓNDE ESTÁ TU H1 Y POR QUÉ NO ESTAS USANDO LAS KEYWORDS DE TU METADATAAAAAA AAAAAA!!
 
Supongo va a ser divertido en un lugar donde me quiero imaginar los análisis de texto van de:

DÓNDE ESTÁ TU H1 Y POR QUÉ NO ESTAS USANDO LAS KEYWORDS DE TU METADATAAAAAA AAAAAA!!
LENGUAJE VULGAR NO MONETIZABLE CON ADSENSEEE
 
jajajajajajaja que vrga joder.
 
jajajaja el final!
 
Es lo que haría Hank Chinaski.
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Han pasado dos horas desde que he pedido la cena, y aquí sigo, tirado en el sofá, con una birra en la mano y un cigarro en la boca. Cabreado, llamo al chino y me dicen que ya lo han entregado. Panda de bellacos estafadores. Lo he pagado con tarjeta, devolvedme mi dinero. Colgarme el teléfono es el mayor error que pueden cometer. Me pongo las zapatillas y me levanto con ganas de liarla. Se van a enterar esos bastardos comegatos, voy a romperles los platos uno a uno hasta que me devuelvan el dinero; o me preparen otra cena.

Cuando abro la puerta lo veo. Una bolsa de plástico yace en el suelo. Es mi cena. O lo era. No tardo mucho en enterarme de que faltan los rollitos. Si se hubieran llevado el asqueroso estofado de setas no me enfadaría; pero no, se han llevado mis putos rollitos. Tengo dos posibles sospechosos. Mi vecina, Augusta, vive enfrente de mí. Es una vieja arpía, cotilla, y con mucho tiempo libre. Y seguro que no sabe cocinar. Los chinos son los otros sospechosos. La verdad, estoy a fifty fifty. Me acerco al portal de Augusta y olfateo la puerta. No soy capaz de diferenciar el olor a rollitos. El pasillo entero huele a fritanga. Pongo la oreja a ver si oigo algo, y de repente, se abre la puerta bruscamente. Augusta, en su bata de bruja, grita a placer. Fisgón, me llama. Hipócrita.

En pleno interrogatorio de los rollitos aparece un vecino por las escaleras. Nos separa. Por un momento pienso que el podría haber robado mis rollitos. Lógico, por eso ha bajado; conciencia lo llaman. ¡DÓNDE ESTÁN MIS PUTOS ROLLITOS! le grito. Me mira como si fuera un demente. Entonces ve la bolsa. Lo coge y dice que es su cena. Le arranco la bolsa y le golpeo en la cara, ensuciando su pelo con la comida grasienta. Caigo al suelo del puñetazo que me da. Augusta, con sus zapatillas de casa, me patea la cabeza. Veo las escaleras giradas. Se eleva un chino con sonrisa borrosa y pregunta: ¿Quién ha pedido lollitos?
Buena historia, lo malo es que habías ordenado rollitos y lo que te llegaron fueron "lollitos". jaja
 
Excelente, soy de poco leer, pero me gustó, corta pero intrigantemente buena.
 
Han pasado dos horas desde que he pedido la cena, y aquí sigo, tirado en el sofá, con una birra en la mano y un cigarro en la boca. Cabreado, llamo al chino y me dicen que ya lo han entregado. Panda de bellacos estafadores. Lo he pagado con tarjeta, devolvedme mi dinero. Colgarme el teléfono es el mayor error que pueden cometer. Me pongo las zapatillas y me levanto con ganas de liarla. Se van a enterar esos bastardos comegatos, voy a romperles los platos uno a uno hasta que me devuelvan el dinero; o me preparen otra cena.

Cuando abro la puerta lo veo. Una bolsa de plástico yace en el suelo. Es mi cena. O lo era. No tardo mucho en enterarme de que faltan los rollitos. Si se hubieran llevado el asqueroso estofado de setas no me enfadaría; pero no, se han llevado mis putos rollitos. Tengo dos posibles sospechosos. Mi vecina, Augusta, vive enfrente de mí. Es una vieja arpía, cotilla, y con mucho tiempo libre. Y seguro que no sabe cocinar. Los chinos son los otros sospechosos. La verdad, estoy a fifty fifty. Me acerco al portal de Augusta y olfateo la puerta. No soy capaz de diferenciar el olor a rollitos. El pasillo entero huele a fritanga. Pongo la oreja a ver si oigo algo, y de repente, se abre la puerta bruscamente. Augusta, en su bata de bruja, grita a placer. Fisgón, me llama. Hipócrita.

En pleno interrogatorio de los rollitos aparece un vecino por las escaleras. Nos separa. Por un momento pienso que el podría haber robado mis rollitos. Lógico, por eso ha bajado; conciencia lo llaman. ¡DÓNDE ESTÁN MIS PUTOS ROLLITOS! le grito. Me mira como si fuera un demente. Entonces ve la bolsa. Lo coge y dice que es su cena. Le arranco la bolsa y le golpeo en la cara, ensuciando su pelo con la comida grasienta. Caigo al suelo del puñetazo que me da. Augusta, con sus zapatillas de casa, me patea la cabeza. Veo las escaleras giradas. Se eleva un chino con sonrisa borrosa y pregunta: ¿Quién ha pedido lollitos?

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