El redactor sectario

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G

Gorila

Gamma
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Lunes por la mañana: olor a café y visión borrosa por las legañas. Encendí el portátil a desgana, pero entré en el correo directo, sin distracciones, sin revisar Twitter, ni Facebook, ni pollas. Tenía un mensaje de mi nuevo redactor, a quien llamaremos Pascual para proteger su privacidad.

En el mensaje me adjuntaba los diez primeros artículos que habíamos pactado para mi web sobre carne ahumada. Los revisé. Todo era correcto; no solo estaban inteligentemente estructurados, con las cabeceras acertadas y una distribución de la información astuta, sino, además, tenían una prosa de calidad, que sobresalía de cualquier otro texto que se pueda encontrar por la red.

Le di la enhorabuena al redactor, y aunque este no contestó, feliz como una perdiz publiqué los textos en la web.

Era mediodía, no había hecho nada más que publicar los artículos, pero estaba tan entusiasmado con aquel magnífico trabajo del redactor, que decidí que ya había hecho suficiente. Me serví otro café, puse Las cuatro estaciones de Vivaldi y cerré los ojos.

Una llamada interrumpió mi descanso.

—¿Qué has publicado? —era mi abuela—. ¿Te crees que yo no te veo dónde andas metido? ¡Y el de arriba también, siempre está mirando!

Casi escupí el café en la pantalla del ordenador. ¿Se me habría pasado algo? Entré en la web y volví a revisar los textos, uno por uno. Pero nada, no había nada extraño. «Pobre abuela, está ya mayorcita» pensé, pues no había otra explicación para su repentina llamada. Abrí una nueva pestaña en el navegador y entré en el correo, quería ver si al redactor le había llegado mi enhorabuena. Para mi sorpresa, cuando se cargó la pestaña, vi que mi bandeja se había llenado de decenas y decenas de mensajes. “QUIERO ENTRAR”, era el asunto de todos los mensajes.

«Suficiente café por hoy» pensé, y envié otro correo al redactor. No me contestó en horas, así que le dejé también un mensaje en el foro. Estaba conectado pero no contestaba. ¿Habría dejado un mensaje oculto en los artículos? ¿Cómo es que yo no pude verlo?

Borré todos los artículos de mi web, mas mi bandeja seguía llenándose de mensajes que decían lo mismo: QUIERO ENTRAR. Llegado a este punto pasó por mi cabeza mirar también mi correo personal. Y efectivamente, estaba lleno con los mismos mensajes. Sentí un escalofrío cuando vi que el móvil no paraba de vibrar. Me levanté, caminé hasta la ventana, y frente a mi casa vi a un hombre vestido con una gabardina negra y un sombrero de copa alta. Cerré las persianas. Sonó el teléfono fijo. Descolgué y sonó una voz de mujer, joven y sensual.

—Enhorabuena. Estás dentro.


Parte 2 mañana​
 
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Espero por la parte 2 😉
 
Buen relato, me dejaste con la intriga jaja. Espero mañana la parte 2 😱
 
Debo leer la segunda parte, YA
 
ya tengo la media par el fap fap fap con este relato
 
@Gorila se te olvidó postear la segunda parte 🙁
 
Excelente relato 🙃
 
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