En el caso de Venezuela, aunque el precio del petróleo suba, en realidad eso no significa necesariamente algo muy positivo para el país. La cúpula chavista, a pesar de todas las sanciones y dificultades, sigue en el poder. Y aunque aumenten los ingresos del petróleo, no se ve un cambio real en la vida del pueblo. El dinero que entra sigue siendo relativamente poco para las necesidades del país, y además la supervisión sobre cómo se usa ese dinero continúa siendo muy débil.
Aunque hoy el Estado tenga más control sobre la economía, el problema de fondo sigue siendo el mismo: la corrupción institucional. El gobierno continúa anunciando grandes inversiones en “obras” o proyectos, como ya ocurría en los tiempos de Chávez, pero en la práctica muchas veces el dinero simplemente desaparece dentro del sistema. En un país tan grande como Venezuela, hablar de 500 millones o incluso 3.000 millones de dólares dentro de la política nacional no es tanto como parece, especialmente cuando gran parte de esos recursos se pierde en corrupción o mala gestión.
Por otro lado, el precio del petróleo actualmente está alto por razones geopolíticas. Por ejemplo, los conflictos en Medio Oriente han provocado subidas fuertes del crudo, incluso por encima de los 100 dólares por barril en algunos momentos. Sin embargo, este aumento probablemente sea temporal. Muchos analistas creen que cuando las tensiones se estabilicen, el precio del petróleo volverá a niveles más bajos o más estables.
En este contexto también hay que entender la política energética del presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Aunque algunos lo vean como un héroe por enfrentarse a ciertos regímenes, sus decisiones responden principalmente a los intereses estratégicos de Estados Unidos. A Trump le interesa que el petróleo sea relativamente barato, porque eso beneficia a la economía estadounidense y al mercado global. De hecho, su política ha presionado en varias ocasiones para aumentar la producción mundial y así reducir los precios del crudo.
Si en el futuro países como Irán o Venezuela cambian de régimen y se integran plenamente al mercado internacional, es posible que aumente mucho la oferta de petróleo. Eso haría que el precio global bajara, lo cual beneficiaría a economías consumidoras como Estados Unidos, pero perjudicaría a países que dependen fuertemente de los ingresos petroleros.
Además, en la política estadounidense también hay cálculos electorales(noviembre). Bajar el precio de la gasolina y de la energía suele ser popular entre los votantes, especialmente antes de elecciones importantes. Por eso el control del mercado energético tiene también una dimensión política interna.
En conclusión, Venezuela no necesariamente se beneficia tanto de los precios altos del petróleo como podría parecer. Mientras el régimen siga en el poder y la corrupción institucional continúe, el dinero del petróleo difícilmente se traducirá en mejoras reales para la población. Además, si en el futuro el mercado global aumenta su oferta de crudo, los precios podrían caer, reduciendo aún más el margen económico del país.