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Patty Flores
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Hola mi nombre es Patricia Flores y a partir del día de hoy quiero compartirles mi historia de vida y ahora la de mi amada hija Maria Fernanda, somos de Guatemala y el objetivo de ello es informar sobre el Síndrome de Turner y poder ayudar a otras personas que desconocen del tema y a aquellas que como yo nos sentimos aisladas.
Era un 16 de junio del año 2012 cuando me dieron la agradable noticia de que estaba embarazada después de cuatro meses de estar intentándolo y a mas de un año de matrimonio. Era la mejor noticia que había recibido en mi vida. Luego de dos meses y medio de embarazo tuve una pequeña hemorragia que me llevó al doctor sin saber que me iba a recomendar reposo absoluto debido a que dentro de mi útero tenía una pequeña hemorragia, la cual según me informó el ginecólogo era tratable con el reposo y que a la vez tenia que tomar la cardio-aspirina y también tenía que inyectarme heparina que sirve para diluir la sangre, porque mi sangre era muy espesa y podía provocar la formación de coágulos que se irían por el cordón umbilical y cortar el suministro de sangre, provocándole la muerte a mi bebe. El medicamento sería suministrado por medio de inyecciones al rededor del ombligo y debía aplicarme una al día; desde eso momento iniciaría una lucha constante que ha durado hasta el día de hoy a los tres años y diez meses de edad de mi hija.
Durante los cuatro días que estuve internada en la clínica me aplicaron tres inyecciones únicamente, aún a pesar de que serían necesarias una diaria durante el resto del embarazo por recomendaciones del médico, esto porque yo no deseaba que me aplicaran más por las consecuencias que podría traerle al bebe. Al regresar a mi casa tuve una nueva hemorragia por lo que decidí viajar a la ciudad capital en compañia de mi esposo y mi suegra a consultar a otro médico que me habían recomendado. Al llegar con el otro médico me examino y me explicó que lo que tenía era una ruptura de placenta y que era tratada únicamente con reposo, pero al preguntar por el estado del bebe (en ese momento no sabíamos el sexo todavía) nos explicó que tenía una cardiopatía, que tenía agua en los pulmones y en el estomago, que tenía unos quistes en la cabeza y que tomando en cuenta que la translucencia nucal era muy amplia, existía la posibilidad de que mi bebe tuviera síndrome de down o síndrome de turner y que todas estas características eran incompatibles con la vida, que mi cuerpo iba a rechazar en cualquier momento el embarazo y me sugirió que no tomara las prenatales ni el asido fólico.
Le preguntamos al doctor si él recomendaba visitar el hospital del seguro social y nos respondió que ellos solo tratarían de salvar el embarazo y que prácticamente era como una papa caliente que en cualquier momento iba a ser expulsada por mi cuerpo (recuerdo perfectamente esas palabras como si hubiera sido el día de ayer), entonces mi esposo y mi suegra decidieron viajar mejor a nuestro lugar de origen que era en donde se encontraba toda la familia y así visitar nuevamente a otro ginecólogo de confianza para recibir otra opinión. Viajamos en avión durante 45 minutos y al llegar de inmediato visité la clínica, le mostramos al doctor el informe del medico anterior a lo que él tuvo sus reservas y me práctico un ultrasonido vaginal en donde confirmó el diagnóstico del médico, a diferencia de que él nos dijo que diéramos tiempo para ver como se desarrollaba el embarazo. Estuve en reposo total durante ocho días antes de regresar a la clinica a realizarme otro ultrasonido, la sorpresa fue que el coagulo de sangre causado por la ruptura de placenta había desaparecido y el agua de su cuerpo había disminuido, así fueron desapareciendo al pasar los meses todos los diagnósticos que me habían dado y también ya no fue necesario que tuviera el reposo absoluto, por lo que las visitas al médico eran como las de cualquier mujer embarazada, siendo como único detalle que la edad de la circunferencia de la cabeza no coincidía con la edad del tamaño de su femur. A los cinco meses y medio aproximadamente me dieron la noticia de que iba a tener una hermosa niña a la que llamaríamos María Fernanda.
Era un 16 de junio del año 2012 cuando me dieron la agradable noticia de que estaba embarazada después de cuatro meses de estar intentándolo y a mas de un año de matrimonio. Era la mejor noticia que había recibido en mi vida. Luego de dos meses y medio de embarazo tuve una pequeña hemorragia que me llevó al doctor sin saber que me iba a recomendar reposo absoluto debido a que dentro de mi útero tenía una pequeña hemorragia, la cual según me informó el ginecólogo era tratable con el reposo y que a la vez tenia que tomar la cardio-aspirina y también tenía que inyectarme heparina que sirve para diluir la sangre, porque mi sangre era muy espesa y podía provocar la formación de coágulos que se irían por el cordón umbilical y cortar el suministro de sangre, provocándole la muerte a mi bebe. El medicamento sería suministrado por medio de inyecciones al rededor del ombligo y debía aplicarme una al día; desde eso momento iniciaría una lucha constante que ha durado hasta el día de hoy a los tres años y diez meses de edad de mi hija.
Durante los cuatro días que estuve internada en la clínica me aplicaron tres inyecciones únicamente, aún a pesar de que serían necesarias una diaria durante el resto del embarazo por recomendaciones del médico, esto porque yo no deseaba que me aplicaran más por las consecuencias que podría traerle al bebe. Al regresar a mi casa tuve una nueva hemorragia por lo que decidí viajar a la ciudad capital en compañia de mi esposo y mi suegra a consultar a otro médico que me habían recomendado. Al llegar con el otro médico me examino y me explicó que lo que tenía era una ruptura de placenta y que era tratada únicamente con reposo, pero al preguntar por el estado del bebe (en ese momento no sabíamos el sexo todavía) nos explicó que tenía una cardiopatía, que tenía agua en los pulmones y en el estomago, que tenía unos quistes en la cabeza y que tomando en cuenta que la translucencia nucal era muy amplia, existía la posibilidad de que mi bebe tuviera síndrome de down o síndrome de turner y que todas estas características eran incompatibles con la vida, que mi cuerpo iba a rechazar en cualquier momento el embarazo y me sugirió que no tomara las prenatales ni el asido fólico.
Le preguntamos al doctor si él recomendaba visitar el hospital del seguro social y nos respondió que ellos solo tratarían de salvar el embarazo y que prácticamente era como una papa caliente que en cualquier momento iba a ser expulsada por mi cuerpo (recuerdo perfectamente esas palabras como si hubiera sido el día de ayer), entonces mi esposo y mi suegra decidieron viajar mejor a nuestro lugar de origen que era en donde se encontraba toda la familia y así visitar nuevamente a otro ginecólogo de confianza para recibir otra opinión. Viajamos en avión durante 45 minutos y al llegar de inmediato visité la clínica, le mostramos al doctor el informe del medico anterior a lo que él tuvo sus reservas y me práctico un ultrasonido vaginal en donde confirmó el diagnóstico del médico, a diferencia de que él nos dijo que diéramos tiempo para ver como se desarrollaba el embarazo. Estuve en reposo total durante ocho días antes de regresar a la clinica a realizarme otro ultrasonido, la sorpresa fue que el coagulo de sangre causado por la ruptura de placenta había desaparecido y el agua de su cuerpo había disminuido, así fueron desapareciendo al pasar los meses todos los diagnósticos que me habían dado y también ya no fue necesario que tuviera el reposo absoluto, por lo que las visitas al médico eran como las de cualquier mujer embarazada, siendo como único detalle que la edad de la circunferencia de la cabeza no coincidía con la edad del tamaño de su femur. A los cinco meses y medio aproximadamente me dieron la noticia de que iba a tener una hermosa niña a la que llamaríamos María Fernanda.
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