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Canddela
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Con la llegada de la primavera, las mujeres entramos en crisis. El pánico se apodera de nosotras porque nos aterra el solo hecho de pensar que se acerca el calorcito, la ropa es más liviana y que dentro de poco, las piernas dejan de ser ocultadas por calzas elastizadas que nos disimulan esos defectos. Definitivamente, estamos en septiembre y debemos modificar la agenda para unas horitas en el gimnasio. Juntas coraje y tomas la terrible decisión de ponerte las zapatillas deportivas y esa remera que sea cómoda pero un poco sexy a la vez (porque nunca hay que perder el estilo). Entras con la mejor sonrisa y completamente renovada. Llegas al vestuario y es ahí cuando encontras una enorme diversidad de personajes. Ellos te ayudaran (o no) a decidir si seguís en esa terrible jungla:
La cronometrada: Tiene todo bajo control, camina tan rápido desde el trabajo que llega con la entra en calor ya hecha. Su rutina se ajusta con precisión de cirujano. Se ducha en tres minutos por reloj y mientras se bléiser para ir al trabajo, habla por celular y la vez “picotea” una ensaladita. Vos te cansas de solo mirarla pero a la vez envidias la manera en que logro hacer todo eso con tanta agilidad.
La nueva: Asoma cada primavera con la “joggineta” que usaba en el secundario y que ya perdió color. Es extremadamente tímida y observa al resto como “sapo de otro pozo” pero igualmente así le pone voluntad. Sus días ahí adentro están contados, el calor se vuelve abrumador y cambia la cinta por el aire acondicionado de su casa y si te he visto no me acuerdo .
La diosa: De pronto, aparece ella para hundir tu autoestima en un segundo. Vos, transpirada a más no poder y ella con sus cuatro gotitas de sudor que la vuelven diez veces más sexy. Compartir el vestuario con ella puede llegar a ser bastante odioso. Si, admitámoslo.
La exhibicionista: es lo primero que ves cuando abrís la puerta del vestuario. Ahí está ella, completamente desnuda paseando entre los lockers sintiéndose Eva en el paraíso. Sentís admiración por saber que no tiene ningún tipo de pudor ni “mambo” con su cuerpo pero a la vez te genera un poco de vergüenza ajena cuando se le da por charlar como Dios la trajo a l mundo bien cerquita tuyo. ..¿Es necesario ver TODO?
La charleta: El primer día te encara para preguntarte el nombre y qué actividad vas a hacer. Acapara todas las conversaciones del vestuario y se sabe vida y obra de cada una de sus compañeras. Incluso el cumpleaños del hijo de tu mejor amiga o te pregunta cómo anda de salud el sobrinito de tu novio. ¿Alguna vez le contaste algo sobre eso? No, simplemente ella es así y está atenta a todo. Así que si un día la ves venir y no tenés ganas de sociabilizar, manoteá los auriculares.
La “amor y paz”: Para desplegar su equipamiento, ocupa todo el banco del vestuario y de repente, a su alrededor se arma el caos: hay antiparras, tapones para los oídos, gorras, ojotas, toallas y por supuesto: un vaho a cloro insoportable. Pero se ve que el agua la relaja porque nunca la ves apurada y se maneja con toda la tranquilidad del mundo. Y lo peor, es que la bancas en su desorden porque siempre es la que le presta el oído a la más simpática del grupo hasta que el vestuario queda vacío.
Como conclusión, hay que estar preparada para sobrevivir entre todas ellas. No son nocivas para la salud asi que al fin y al cabo, son unos meses y el único objetivo es llegar a enero lista para clavarte la bikini.
La cronometrada: Tiene todo bajo control, camina tan rápido desde el trabajo que llega con la entra en calor ya hecha. Su rutina se ajusta con precisión de cirujano. Se ducha en tres minutos por reloj y mientras se bléiser para ir al trabajo, habla por celular y la vez “picotea” una ensaladita. Vos te cansas de solo mirarla pero a la vez envidias la manera en que logro hacer todo eso con tanta agilidad.
La nueva: Asoma cada primavera con la “joggineta” que usaba en el secundario y que ya perdió color. Es extremadamente tímida y observa al resto como “sapo de otro pozo” pero igualmente así le pone voluntad. Sus días ahí adentro están contados, el calor se vuelve abrumador y cambia la cinta por el aire acondicionado de su casa y si te he visto no me acuerdo .
La diosa: De pronto, aparece ella para hundir tu autoestima en un segundo. Vos, transpirada a más no poder y ella con sus cuatro gotitas de sudor que la vuelven diez veces más sexy. Compartir el vestuario con ella puede llegar a ser bastante odioso. Si, admitámoslo.
La exhibicionista: es lo primero que ves cuando abrís la puerta del vestuario. Ahí está ella, completamente desnuda paseando entre los lockers sintiéndose Eva en el paraíso. Sentís admiración por saber que no tiene ningún tipo de pudor ni “mambo” con su cuerpo pero a la vez te genera un poco de vergüenza ajena cuando se le da por charlar como Dios la trajo a l mundo bien cerquita tuyo. ..¿Es necesario ver TODO?
La charleta: El primer día te encara para preguntarte el nombre y qué actividad vas a hacer. Acapara todas las conversaciones del vestuario y se sabe vida y obra de cada una de sus compañeras. Incluso el cumpleaños del hijo de tu mejor amiga o te pregunta cómo anda de salud el sobrinito de tu novio. ¿Alguna vez le contaste algo sobre eso? No, simplemente ella es así y está atenta a todo. Así que si un día la ves venir y no tenés ganas de sociabilizar, manoteá los auriculares.
La “amor y paz”: Para desplegar su equipamiento, ocupa todo el banco del vestuario y de repente, a su alrededor se arma el caos: hay antiparras, tapones para los oídos, gorras, ojotas, toallas y por supuesto: un vaho a cloro insoportable. Pero se ve que el agua la relaja porque nunca la ves apurada y se maneja con toda la tranquilidad del mundo. Y lo peor, es que la bancas en su desorden porque siempre es la que le presta el oído a la más simpática del grupo hasta que el vestuario queda vacío.
Como conclusión, hay que estar preparada para sobrevivir entre todas ellas. No son nocivas para la salud asi que al fin y al cabo, son unos meses y el único objetivo es llegar a enero lista para clavarte la bikini.


